28 ene 2019

Borras, la historia detrás del mito.

Una mañana de verano, cuando el frescor ya se va pese a la cercanía del mar, Borras recibió un suculento plato de comida caliente. Su institito animal supo identificar a ese ser que lo quería alimentar. Borras, desconfiado y con miedo se acercó al plato y luego de un minutos empezó a comer con tantas ansías que vació el plato en cuestión de segundos. Después, se alejó tan rápido como su pata lastimada le permitió.

Los días se convirtieron en un ritual de comida suculenta y en cantidades admirables, incluso después pasaron a ser dos platos de alimento diario. Borras empezaba a sentir que ascendía en la escala social. Cuando sintió que la comida empezó a ser parte de su rutina diaria, decidió empezar a recorrer el barrio, ¿para qué esperar un por si acaso segundo plato con la linda tarde de verano? Así fue como empezó a desaparecerse por las tardes. 

Lo que Borras no sabía es que como en todo barrio, las lenguas hablaban de él.... Una vez, un machirulo con aires de bien portado, arguyó que Borras tenía 16 años de vida, “uno anda hecho mierda pero nunca pa tanto poh”. La vecina de enfrente, que alimentaba a los que creía sus compañeros, nunca se fijó si a él le llegaba comida o no. Selección natural dicen algunos. Y Borras, que nunca supo quien en Aristóteles, pensaba que esa teoría del justo medio no andaba funcionando bien. Si uno es sociable le celebran los cumpleaños, si es bastardo y huerfáno a veces no le alcanza ni pa comer. De sociopatía a crueldad máxima. Selección natural dicen algunos. Pero lo más indignante para Borras fue cuando se enteró que le dijeron huraño y perro lobo. Hay quienes piensan que la selección anti-natural, puede ser explicada desde la condición natural. 

Sin embargo, la selección natural o anti-natural en su condición, todavía no llega a Borras, hoy recibió la triste noticia de que uno de sus compañeros murió de causas que todavía se desconocen. Su compañero que si comía y no era cojito, ni huraño, ni lobo. Selección natural dicen algunos.




15 mar 2017

Reminiscencias.

En la plaza Pereire, justo en frente de la parada del metro con el mismo nombre, se encuentra el Café Royal Pereire. Cada tarde, Marlene regresa del trabajo y antes de llegar a su casa, se sienta durante un buen rato de la tarde a tomar  té y mirar por la ventana la gente pasar.

Marlene vive en la que podría definir la casa de sus sueños, en la ciudad de sus sueños y con la familia de sus sueños. Su pareja es un señor de mediana edad, correctamente adaptado a su entorno, con un grupo de amigos a los que puede ver una vez, o con suerte, dos veces al mes, mediante cita previa. Tiene la suerte de tener una vida tan interesante, pues si no fuera por ella, no tendría estos amigos.  Su hijo va a una escuela en la que también por suerte, es amigo de muchos de sus compañeros. Gracias a eso puede vacacionar con ellos en la costa, en otras ciudades de ensueño y hasta incluso, en otros países. Marlene es feliz con ese grupo tan maravilloso de amigos, con los que compartió ideas para la decoración de su nuevo apartamento. Sus amigos son felices de sus importantes progresos vitales, pues ahora hace fiestas en casa con caterings privados. Su hijo disfruta por fin de las visitas de los amigos que años atrás no podía recibir en su hogar, pues su antiguo hogar no era lo suficiente cómodo para albergarles y cualquier persona amistosa debe comprender la importancia de esto para poder atender a sus amigos en casa.

Marlene no es rubia, por su suerte su hijo salió clavadito a su padre, dos gotas de agua dicen en su tierra original, esa que no visita hace años. Lo que más lamenta de la lejanía es que sus antiguos amigos no puedan ver crecer a su hijo y como cada vez más se parece a su padre, así como que tampoco puedan ir a sus fiestas de disfraces y fiestas temáticas. Lamenta que no puedan compartir con ella su felicidad. La felicidad de tener amigos por agenda, una casa vacía durante tres cuartas partes del día y la felicidad de tener una pareja a la que apenas ve fines de semana salteados, debido a sus importantes e interesantes viajes de negocios.


Así es la vida de ensueño, llena de cosas pero vacía de otras tantas. Vacía de esos afectos que vivía en la infancia, vacía de los afectos de la familia pese a todas las diferencias que tuvo con ellos, vacía de los  afectos de la juventud así como de esos primeros amores pasionales, pero sin embargo, muy, muy llena de cosas, sobre todo, muy llena de sueños…  ¿Será de llena de sueños? Se pregunta su mente que divaga mientras mira la gente pasar. Entonces mira el reloj y dándose cuenta del tiempo que ya está sentada mirando ese extraño infinito, termina el té, se levanta de la mesa con afán, paga su cuenta y sale de nuevo al mundo real, el mundo de sus sueños. 

Foto tomada por Jorge Albuixech. 

24 ago 2016

El chico que nunca termina el té.

Alex vive en un piso 25. Los días grises que se siente triste mira por la venta y ve toda la ciudad bajo sus pies. Nunca pensó en tirarse por el balcón, pero sí en lo absurdo de esa soledad rodeado de tanta gente  felizmente desconocida.

Alex ama el té, lo ama tanto como las ansias por borrar algunos episodios de su pasado. En las largas noches de invierno siempre sueña que es un reloj. Regresa al pasado y cambia todo lo que despierto desearía que ya no existiera. Cuando amanece prendiendo la luz, mira de nuevo por la ventana y nada desaparece, ni los recuerdos amargos, ni los vecinos invisibles. Alex se levanta luego de soñar, calienta agua hasta  su punto de ebullición y se sirve un té  azul, el del cielo que todavía no llega. En ese rato ya no piensa con borrar el pasado sino con atrapar el futuro.  Alex sabe que pronto el cielo volverá a estar azul, así como cuando se duerme, que sabe que al siguiente día de nuevo llegará su té.

Sin embargo Alex nunca termina su té.  En el armario guarda kilos del mismo, de todos los colores; blanco, rojo, verde, azul y hasta negro. Pero Alex nunca termina el té. Cada mañana deja su tazón a medias sobre la mesa y al siguiente día, cuando despierta, siempre lo mira y piensa en como el té se comporta como su pasado. Es un agua turbia que se enfría, que ya nadie se quiere beber y que al evaporarse, nunca, absolutamente nunca, deja el tazón limpio.

Alex mira su vaso lleno de té frio. Lo vacía y de nuevo, se sirve agua caliente. A fin de cuentas el pasado no se borra pero si quisiera, se lo podría beber.

19 jun 2016

No vida.

Está saliendo el sol.
Los sueños del ayer se redibujan en el hoy.
Algunos recuerdos  queman el despertar.  
Tantas eyaculaciones forradas en plásticos emitiendo sonrisas.
Ilusiones extintas.

Está saliendo el sol.
Los sueños del hoy se anhelan en el mañana.
Algunas ilusiones queman el despertar.
Tantas  eyaculaciones  forradas en vida emitiendo suspiros.  
Sonrisas  extintas.

Está saliendo el sol.
Las ilusiones del ayer se transforman en el hoy.
Algunas frustraciones queman el despertar.
Un parto artificial y vano arguyendo  alaridos.
Amores extintos.





27 may 2016

Pulgoso.

En la calle siempre deambulan canes buscando alimento, refugio y algo de amor. Lo interesante de estos es que no sólo buscan el afecto en seres de su misma especie, sino también en esa especie de inteligencia superior llamada homo sapiens sapiens. 

Pulgoso tiene  10 años, en esta vida canina que lleva recorrida, recuerda más su segundo nombre que el primero que tuvo, Ronny.
Cada día su tarea es buscar qué comer, huir de los otros canes que por momentos le agreden y pensar en si en algún momento alguien de la especie superior  volvería a quererlo. Pulgoso no busca que le regalen comida, sólo el amor que hace años perdió cuando lo botaron del que era su hogar por haber crecido demasiado. En su memoria alberga los pequeños momentos de afecto que le fueron concedidos en está búsqueda que todavía hoy, no termina. 
Añora aquel paseo en la playa, en el que una chica lo miró con ojitos tiernos mientras paseaba con su amor de la mano. Se emocionó, pues aunque en los ojos se le sentía el profundo querer hacía quien la acompañaba, no dudó en entregarle un momento fugaz de amor visual. Pulgoso los siguió, desprendían tanto amor entre ellos,  que no pudo evitarlo.  Corría cuando se alejaban y saltaba de la emoción cuando se acercaba a ellos. Apenas duró 30 min ese momento compartido, pero se le grabó en el corazón.
También recuerda aquel día que parado en la estación de bus, los homo sapiens sapiens descencían del vehículo a toda prisa por la lluvía que empezaba a caer. Ese día otra pareja bajó, ella lo miró con la misma ternura que la chica de la playa cuando todavía el frío no asomaba en ese otoño del sur. Rebosaba el mismo amor por su acompañante que la chica a la que siguió en la orilla del mar. Mientras ella se abrigaba y él acomodaba sus maletas, también sintió brotes de amor entre ellos y alguno le cayó también a él, así que emprendió su marcha tras ellos. Siempre usaba esta estrategia de seguir a quien lo quería en silencio, solamente con intensas miradas. Esas miradas que atraviesan el alma de quien las recibe cuando se proyectan directamente a los ojos. Esta vez el momento de afecto duró menos tiempo que el del paseo por la playa, pero igual, se le grabó en el corazón.

Pulgoso ya no responde al nombre de Ronny. Quienes alguna vez, desde hace años le botan algún que otro alimento o le golpeaban por estorbar, le llaman por su nuevo y no deseado nombre, pues desde hace años, en esa búsqueda constante de comida, refugio y amor, las pulgas, son los únicos seres que más tiempo deciden permanecer con él. 

En el horizonte nunca se borran los sueños.

29 abr 2016

Desandares que construyen.

El día de la tormenta Amanda se encontraba descontando cada hora, minuto y segundo, de los días  que tanto le ardían en su interior.  Asustados, los vecinos salieron de sus guaridas a comentar lo sucedido. Minutos más tarde, todo volvió a la normalidad. Los perros volvieron a ladrar y los niños tampoco se cansaron de llorar. El día ya había caído en la oscuridad y Amanda sólo quería dormir para descansar de su interminable cuenta atrás.

La incertidumbre se sumó a lista de sensaciones que cada día desbordaban a Amanda. Mas el deseo le cegaba el sentido común sobre lo apropiado de viajar a ese lugar cercano a aquellos espacios donde la Tierra, había descargado su  enojo, con tanta furia. Muchos no soportaron la tormenta y perecieron en cuestión de segundos, a la misma.

Pero el momento ansiado estaba ahí, ya había llegado, así que Amanda no escuchó consejos ni recomendaciones, agarró su maleta y salió de casa, serna, erguida y segura. Bob, como en cada viaje que ella realizaba, la esperó tranquilo en casa. Para él las cuentas atrás sólo existen el rato que Amanda tiene que  regresar a la casa, pero era capaz de esperar días e incluso semanas.

Luego de más de 10 horas de viaje con sus respectivas paradas, por fin se encontraba en destino. Ambos habían llegado. El pueblo que los albergó durante esos cálidos días permanecía silenciado. Los habitantes que sobrevivieron a la tormenta huyeron para evitar ser engullidos en otra descarga de la Tierra. Quienes planeaban visitarlo, cancelaron su viaje. Pero para quienes la vida estaba ahí  anclada, todo siguió, cálido y más silencioso que nunca y caminando. Los habitantes del lugar se interesaban por ellos. Les daban recomendaciones y preguntaban acerca de esas cuestiones que les parecían exóticas y que habían dejado de recibir esos días. El silencio era tal, que muchas noches fueron más estridentes que los días…


Pasó un día, pasaron dos y pasaron tres.  Las risas de Amanda resonaron en aquel desértico lugar resignado a una soledad prolongada, pero ella debía partir. Bob, que no sabía descontar horas, minutos y segundos, si sabía entrar en desesperación. Por ello Amanda desanduvo el camino que hacía tan poco tiempo anduvo. Pero solamente lo desanduvo, pues sus pasos quedaron caminados en un sendero imborrable. Y en ese momento, de ese día,  el día del adiós,  fue cuando se dio cuenta de que el tiempo había pasado con la misma velocidad e intensidad con que la tierra se comió  aquellos recónditos lugares y a mucha gente que en ellos habitaba.


20 mar 2016

Antenas.

Hay domingos en los que los minutos se camuflan de horas, llenándose de fuerte presencia, no permitiendo la pérdida de la sensación del paso de ni siquiera, uno de ellos. Mariela transita cada uno de estos minutos en su caminar despacio, mientras recuerda y sueña a la vez. En el silencio de su hogar suenan las risas pasadas, pero cuando su corazón se arruga y bloquea su capacidad de recuerdo, prende la televisión tratando de buscar en ella, los recuerdos que no brotan.  Ese aparato es capaz de disparar cualquier cantidad de historias que por más lindas que fueran, no desarrugan el corazón de Mariela. Félix camina lento, como los minutos, llevándose por delante la antena televisiva. A partir de ese momento ni recuerdos  brotan, ni historias lindas son disparadas. El sonido de las risas pasadas se convierte en ruido, ese ruido que suena igual que los recuerdos, a nada.

Pasan varios minutos, despacio como buenos minutos domingueros, hasta que Mariela decide devolver la antena a su lugar. Félix mira el aparato como si nada en él hubiera cambiado al paso de su caminar. Los visitantes que llegan a casa siempre repiten que un hogar con perro no debe estar compuesto por aparatos electrónicos y camas en el piso, a lo que ella responde, “la madera, que se quede en los bosques”.  Pero luego de acomodar la antena, la lejanía de Mariela empeora la imagen y el sonido sin que Félix sea culpable de ello en esta ocasión. Ella siempre piensa en el poder de una antena y en el suyo propio. Ese aparato que acompaña a la televisión y en el que el ser humano tanto confía, atrae grandes historias, pero no atrae lo que Mariela logra acercándose a ella. Sin embargo, ella se acerca a muchos aparatos buscando convertir el recuerdo en presente, para no tener que soñar tanto con el futuro y aunque encuentra lindas voces que narran historias e imágenes que coherentemente, a veces las acompañan, nunca encuentra una realidad tocable. Entonces el corazón se arruga nuevamente, llora inundando su cuerpo y en vez de amar, como todo corazón sano debiera hacer, maldice. Maldice que ese cuerpo en el que habita Mariela no pueda romper los kilómetros con la misma fuerza con la que atrae las historias de televisión. Maldice que ese cuerpo en el que habita Mariela no pueda hacer desparecer los días que separan el tiempo presente, de los planes futuros. Maldice que es cuerpo en el que habita Mariela, no pueda tocarlo.

Al cabo de un rato, el corazón se cansa de maldecir, Mariela apaga la televisión, se acuesta y cierra los ojos en una mañana que todavía no termina, no es tiempo para dormir, sino momento de volver a soñar.


29 ene 2016

Hoy y siempre.

Hoy, luego de varios años, me he vuelto a parar desnuda frente al espejo y he mirado minuciosamente cada detalle que veo en él.   

Todavía tengo esas arrugas del lado de los ojos, esas que cuando me río, se intensifican de manera proporcional a la intensidad de mi risa. Esas que ya no oculto con maquillaje.

Todavía tengo  estrías en mis piernas, esas que cuando paseo en la playa, se perciben mucho más fácilmente gracias a la claridad del día. Esas que ya no oculto con ningún pareo.

Todavía tengo canas que se escapan entre mi cabello, esas que tanto brillan cuando las baña la luz del sol. Esas que ya no pinto de ningún color.

Muchas personas me decían respecto a todas esas maldiciones que tengo, “no sufras, son las marcas de la vida, esas que nos hacen únicas”. Pero yo sé que no son sólo las marcas de una vida, son las características que me identifican, esas que hacen único este cuerpo, porque sólo yo habito en él.

Todavía tengo los recuerdos de todo lo que me decías que no debía tener, no los borro de mi cabeza, pero los perdono en mí ser.


Todavía tengo este cuerpo repleto de defectos, pero ya no tengo el pesar de tú ausencia, pues hace tiempo que aprendí a dejar de extrañarte y a no cansarme nunca de soñar. Pues hoy, tengo lo único que no puedo permitirme el placer de perder, a mí misma, desnuda, frente a un espejo.






3 dic 2015

Correspondencia.

Fabi y Mario hace tantos años que se conocen que a veces se les olvida todo lo vivido y compartido. Sin embargo, nunca se  olvidan de buscar  la manera de comunicarse. Hubo una época en la que mantenían largas conversaciones. En ellas nunca faltaba algo para picar y tomar, pero entonces Fabi, no se sabía tan adicto al té que ahora amaba. No se olvida cuando las ocupaciones de la incipiente vida adulta los llevaba a escribir cartas digitales que se pasaban en aquellos aparatos llamados disquetes, para leerse y responderse, en la tranquilidad de su tiempo a solas. Llegó un momento que la distancia empezó a separarlos físicamente, más de lo que ya los separaba la falta de tiempo. En esas temporadas Fabi recuerda aquellas cartas escritas a puño y letra, esas que se negaban a morir pese al surgimiento de internet y la preponderancia de las nuevas tecnologías. Poco a poco, estas cartas se vieron reducidas a postales, no por ello menos agradables de recibir. Pero desde hace algún tiempo, ya ni postales llegan.

Este aumento de movilidad y nuevas formas de comunicación  provoca que aquellas personas que van llegando  nuevas a la vida, y alejándose físicamente por las circunstancias de la misma, ya no compartan sus direcciones postales. Pero lo más increíble es que cada vez con mayor frecuencia, tampoco comparten sus direcciones mail, simplemente un número de teléfono, ese aparato que hace años construían los niños con dos vasos y un hilo y mediante el cual, se confesaban lo que una mirada intensa les bloqueaba en el habla.

Durante todo este paso del tiempo, la comunicación es ese elemento que jamás dejó de existir entre ellos y  Fabi opina que esta nueva era, separa cuerpos pero no corazones.
Sin embargo Fabi no puede olvidar cuando  se sentaba a escribir, se le agotaba la tinta, y los colores de su carta cambiaban de color.  Cuando escogía esas hojas grandes y lindas para que las palabras llegaran con una mejor imagen.  Cuando lloraba durante la redacción de algunas cartas y su lágrima se quedaba ahí, en ese papel que la otra persona recibía, tocaba y olía. Tampoco puede olvidar cuando el hecho de enviar una carta, le permitía ganar un libro o incluso una guitarra.
Hoy, la lágrima de Fabi, se queda en un pañuelo de  los que siempre anda en el bolsillo, sabiendo que su receptor no entenderá la emoción de ese momento en algunas de sus frases, cuando sus palabras sean leídas.  Entonces recuerda todas aquellas personas que hace años, se quedaron esperando una carta suya, esas que llegaron cargadas de ilusión y que un absurdo rumor,  impedió animarlo a redactar ni una sola de las respuestas. Hoy se  imagina a cada uno de estos viejos mensajeros,  comunicándose  por esa cosa llamada teléfono o esa otra llamada red social, sin que tengan idea alguna de la dirección exacta dónde duermen o reposan, sus amistades cibérneticas.

Así son las comunicaciones de este nuevo mileno, que con frecuencia se dedican a alejar verdades y juntar mentiras.

De este mundo codificado con internet y otras navegaciones, yo sigo prefiriendo el beso artesanal que desde siempre comunica tanto. M. Benedetti 

13 oct 2015

Despertar.

Se levantó temprano para prepararle café. Tan agradable que resulta el aroma cuando uno camina con los ojos todavía pegados, rumbo al baño. El frío en los pies descalzos es agradable cuando se sabe que al cabo de unas horas, este dejará de molestar. El agua está hirviendo, comienza a subir poco a poco y todo el ambiente se va  impregnando de ese olor.

No hay día que arranque sin ese ritual, aromas, caminatas somnolientas, deseos que buscan ser saciados y  el perro que nunca ladra, siguiéndolo a todos lados.


Él la mira con ojos de indiferencia, sin saber que los sentimientos no se comunican, sino que se muestran. Espera que ella no lo detecte en su intención, espera que ese momento se repita durante muchos más días. Espera que ella vuelva, que cada día ponga a calentar agua, que sus mañanas huelan a ella.  Pero esa mañana no huele a café, sino a recuerdos.

Quien te quiere, te hará recordar.

26 sept 2015

Pensamientos terrenales.

En las tardes de invierno, cuando el sol alumbra sin calentar, te recuerdo a través de la ventana imaginando que el calor de mi cama no procede de las cobijas que me cubren, sino del calor de tú cuerpo, hoy ausente.

Hace meses que mi lecho no se calienta con un calor humano diferente al mío y aunque nunca estuviste en él, el deseo de tú calor sobre el mio, dibuja como real la situación que cada noche recreo en mi.

Calculo meses hasta volver a verte y de seguro será lejos del lugar donde cada día te sueño. Ese momento aún irreal me hace arder por dentro pero a la vez me provoca pánico. El pánico absurdo de  que al desearte con tanta fuerza, el regreso a mi cama cada noche, en la que tú no estarás, sea como la pérdida de esos seres queridos que cada día me sigue desgarrando el corazón.


3 ago 2015

Te odio porque me encantas.

De la misma manera que la vida no es para siempre, no se puede pretender que lo que hay en ella si lo sea. Esa es la frase que cada día Elías se repetía en su cabeza buscando consuelo al despojo emocional que se sentía al amanecer una mañana tras otra.

Acostumbrado al abandono, aprendió de lo prescindible de la vida y también que a veces, toca asesinar a ciertas personas antes de que el mismo destino se encargue de ello. Hacía años que la comunicación con su padre se había resquebrajado por completo y aunque nunca había perdido a ningún ser querido cercano en su joven vida, le supuso años asumir que ese, también era un duelo. Sin embargo, pese a este duelo reprimido durante años, Elías sentía que su vida estaba repleta de momentos y personas lindas.

En una tarde de verano, sentado a pleno sol mientras su piel se cocía sin conciencia alguna de la estropeada capa de ozono del planeta, pensó en cómo sería volver a compartir su vida con una mujer como Eugenia. El día que ella se quedó en su casa por primera vez, no se atrevía a tocarla, estaba tan extasiado que pensaba que si trataba de hacerlo se desvanecería su presencia.

Duró meses mirándola y hablándole sin tocarla, convenciéndose de lo prescindible del contacto físico para tratar de estirar su presencia hasta siempre, si así fuera posible.  Pero luego de meses de contención no pudo más, enredó su mano en su cabello y mientras ella se evaporaba le susurraba al  oído,  ¿sabes? Te odio porque me encantas. 


2 ago 2015

Caminito

María nació para ver. Es por ello que Dios decidió crearla diferente, con muchos ojos en su cuerpo, para que así, no se le escapara detalle de lo que ocurría a su alrededor. Los vecinos del barrio la tildaban de endemoniada, no podía ser normal una chica con tantos aparatos para ver. Hay quienes pensaban que el poder de sus ojos era tal, que podía ver incluso allí donde no se encontraba físicamente, motivo por el cual tanto la temían.

Durante su infancia disfrutó cada momento que acontecía a su alrededor, de todo estaba enterada, y se sentía feliz de compartir a sus congéneres lo que a estos se les escapaba a diario.

Cuando creció la realidad cambió, esa felicidad se convirtió en rechazo hacía si misma al comprobar que lo que las personas de su alrededor disfrutaban, a ella, le era negado. Al principio peleó para conseguir las atenciones que otros tenían, pero luego de un tiempo, aceptó no ser digna de las mismas.

Ya de adulta, compartía su hogar con una tortuga. Su casa se encontraba en un absoluto orden todos los días del año. Con tantos ojos era imposible no ver aquel pantalón tirado encima de la cama, esa cuchara sin lavar, el armario mal cerrado…  la pesadilla de los videntes. Miranda, la tortuga, jamás se escondía en el caparazón, sentía que los múltiples ojos de María la seguirían hasta allí dentro si así lo hacía.

Miranda odiaba ser tortuga, ese caparazón le sobraba en un entorno en el cual no podía esconderse. María deseaba ser tortuga, ansiaba poder esconderse de aquellas miradas que eran mayor al número de ojos que ella poseía.

Ansía que busca el rechazo, contradicción diaria que el ser humano encuentra en su vida, pero que ni con los ojos de María, muchos podrían percibir.


3 abr 2015

Actores

Existe un lugar donde el silencio del amanecer es como el del llanto de un bebé antes de nacer, solamente la imaginación nos permite ponerle sonido. Mas si ese lugar escapa al ruido, no lo consigue así a la luz, la cual se encargó de despertar a los dos seres que pasaron esa noche juntos. Dos cuerpos en contacto físico pero muy alejados el uno respecto del otro. Los gallos no se atrevieron a cantar a esa mañana, temían el disturbio que podía ocasionar ese despertar de dos desconocidos, pero la luz, se encargó de ello. Cuando se miraron recordaron que el momento de gloria que los había unido, se desvaneció muy rápido y dudaron entre repetirlo o escapar.  Ella optó por el silencio. Él decidió llevar la conversación a temas que ni siquiera le interesaban para iniciar así la argumentación de una partida que según él, debía producirse pronto.  La incoherencia entre temas de una conversación, demuestra el desinterés hacia la misma.  Ella sólo rompía el silencio para seguir la pieza de ese teatro.

La mañana estaba fresca y algo lluviosa. No entendía que las palmeras sobreviviesen a ese clima  pero esa era la prueba de que si ellas podían adaptarse,  también ella lo haría para así sobrevivir a la situación en qué se encontraba. Ese desconcierto le hizo olvidar por un buen rato, el amor que sentía dentro y que tanto deseo le generó luego de años. Pasaron días hasta que volvió a recordar, ilusionarse y de nuevo sentir.

El camino de escape fue largo si se mide en tiempos teatrales, pero las piezas de la propia vida pueden no terminar nunca cuando sus protagonistas se niegan a aceptar que no viven su propia realidad.

Ella entendía que somos actores de nuestros propios miedos e inseguridades, sin percibir que justamente esas acciones son las que los  hacen visibles a  aquellos que no temen no actuar.




21 mar 2015

Visiones

Se cuenta que hubo una vez en que una chica explotó como los huevos que se introducen en el microondas, ese artefacto moderno que muchas personas describen como imprescindible. Julia había decidido que no quería soportar lo insoportable. Y lo insoportable para ella era lo más soportable para su vecindad, por eso el día que apareció pegada a trozos por todas las paredes, techo y suelo de su habitación, fue una noticia que hizo temblar a todo el pueblo.

Los testigos del sucedo cuentan que Julia estalló, pero lo que encontraron no fueron restos humanos como tenían previsto, sino un montón de notas escritas de su puño y letra en las que relataba los pensamientos que guardó durante años. Su mudez no le ayudó a desarrollar su paciencia y desde el día en que perdió la voz, su expresividad se fue reduciendo tanto, que ésta llegó a ser total. Su explosión no era negativa, sino cargada de mensajes de agradecimiento y buenos recuerdos, sin embargo, desde este suceso, nadie más la volvió a ver y nunca se la pudo encontrar.

Algunas personas siguen especulando sobre quién fue el cómplice que le ayudó a no dejar ni rastro, otras piensan que fue un suicidio tan bien armado, que ni el cuerpo pudieron encontrar. Pero una pequeña parte del pueblo, esa que la fue a buscar y leyó todos esos mensajes, se dio cuenta de que realmente Julia, hacía mucho tiempo que se había ido, pero muchas veces no basta con desparecer en alma para que los que nos rodean se percaten de nuestra ausencia, sino que precisamos la desaparición física para que nuestros ojos  adviertan que no toda la realidad que nos rodea, se percibe mediante ellos. 

    "Un verdadero bello espíritu piensa más en las cosas que en las palabras" 
Eugenio Espejo

18 mar 2015

Un misterio indescifrable

El lugar donde reposan los sueños de Zaida se encuentra la mayor parte del día vacío.  Solamente su imaginación lo llena de aquellas situaciones que le gustaría desarrollar en su vida cotidiana. 
Hace días que no para de llover y el frío se le introdujo en los pies a tal punto que ni los baños calientes, ni las cobijas en la noche, se lo logran mitigar. 
Su mente está plagada de recuerdos que vienen a recordarle el motivo de su nuevo destino. También se compone de huecos que ocultan todos aquellos sucesos del pasado de los que no se quiere acordar.

Los lunes a la mañana, siempre a las 6:30, Juan llama a su puerta. El servicio de lavandería que contrató funciona a domicilio de manera puntual.  Le entrega su ropa sucia en una gran bolsa de basura y ella la pasa buscando por la tarde, siempre después de las 17h.
Juan viste siempre la misma ropa, tal vez porque su indumentaria se rige por planes también estrictos, tal vez porque la diversidad de sus prendas es tan pequeña que no parece variarla. Siempre sin afeitar, con ese semblante serio y formal, pero con la actitud de quién fotografía minuciosamente el lugar en el que se encuentra.
Juan nunca le habla, apenas la mira a los ojos y siempre parece mirar a la nada. Zaida lo describe como un chico inseguro y tímido.  No es que ella sea muy segura, pero si lo suficiente para detectar a quienes no lo son.

Luego del tercer lunes de servicio, Zaida encontró que los pares de calcetines regresaban solteros. Con este clima de humedad constante le venían a golpear donde más frío le daba, en los pies.

Cada semana, este fenómeno de las desapariciones comenzó a repetirse y uno de los días que regresó a casa con su ropa, había una nota guardada en el interior que decía, “los calcetines no se pierden”. Este hecho le produjo un desconcierto tenaz así que, para evitar que el misterio se siguiera desarrollando, decidió comprar una lavadora. Sin embargo, mínimo un lunes al mes durante el tiempo posterior a la compra, Juan le llamaba al timbre y con disculpas, le devolvía uno a uno, los calcetines que se perdieron en cada lavada. Zaida sabía que resultaba más fácil perder un calcetín lavando ropa que en una noche de pasión en la playa. Pero también  que era más difícil encontrar estos pares perdidos que repetir ese tipo de momentos. Por algún motivo, Juan escondía estas prendas, y este era uno de esos misterios de la vida que Zaida, no llegaría nunca a desvelar.

17 feb 2015

Silencio

Son las 15 horas de la tarde, el sol abrasa a lo alto pero Belén oye el mismo silencio de todos los días.  La calle de su ventana es tranquila y nunca se escucha ruido urbano, sin embargo, el silencio de ese día es especial pues la desolación atraviesa cada muro de la casa. 

La ciudad está vacía. Camina sin pensar. En esos momentos se dedica a sentir. Se comunica consigo misma, recuerda el día que llegó, cuenta el tiempo que pasó, imagina el futuro que vendrá. Se visualiza a futuro por esos entresijos que todavía le resultan indiferentes, esos a los que con paciencia espera  ponerle historias. Ella no busca visitar ciudades, sino vivirlas para ponerles sentido. Sin embargo al principio todo está vacío y  los días especiales resultan algo complicados,  esos días que para algunas personas significan el fin de la semana y para otras el inicio.


Al regresar a casa en la noche, en la cual el vacío sigue presente en cada rincón, arranca la melodía nocturna, la de los ladridos de los perros callejeros que en su soledad acompañan a Belén en el final de su jornada. 


10 ene 2015

Pajaritos que vuelan sin alas.

Un día un colibrí nació en una jaula de papel. Una de esas que vistas desde dentro, parece imposible de romper, pero él  sabía que había una llave pequeña y más visible de lo imaginado para poder salir, motivo por él cual nunca se resignó a dejar de buscarla. No quería romper los barrotes, pues entendía que no todos los colibrís querían salir, aprender a volar y llegar a lugares lejanos. Por eso, durante años buscó, y cuando la encontró, la emoción de la partida fue abismal.  Mas advertido de los peligros externos, no pudo escapar a los mismos, sin embargo, era fácil encontrar situaciones seguras para tampoco sucumbir a ellos. Algunos lugares de los que visitó  también eran jaulas, ya no de papel, sino de barro, cartón…  las formas cambiaban pero la esencia se mantenía. Había otros tantos pajaritos viviendo en todo tipo de prisiones, que temían los peligros externos. Sin embargo, fue encontrando aves que también cambiaban sus jaulas, y siempre, huyendo de unas llegaban a otras. De repente buscando un destino libre de barreras y de tanto tiempo que lo soñó, cuando llegó a él, no creía que fuera real. Miraba por la ventana de su nuevo hogar, salía de él, caminaba y olía, sentía y miraba todo alrededor,  no había rejas, ni llaves que buscar, no había jaulas. La libertad se había instalado en él.


30 dic 2014

Un imprevisto planificado.

Existe una máquina larga y rápida que cada día desplaza vidas. 
Personas desconocidas en su interior, entre las que la comunicación se reduce a saludos. Cada quien se introduce en el vagón con la cabeza repleta de pensamientos, esos que quieren dejar en su origen o aquellos que proyectan a destino.
De repente la máquina disminuye su velocidad, y algunos de sus ocupantes, felices de pensar en el momento de la llegada, se  aproximan a la salida, pero un frenazo seco los detiene.
Se hace el silencio, la tranquilidad reina, pero el tiempo corre sin parar. Cuando los minutos se  amontonan en una parada que empieza a parecer eterna, las voces de los ocupantes comienzan a disparar sentimientos. A cada vez, las comunicaciones son más frecuentes. Quienes antes eran desconocidos, ahora parecen conocerse de toda una vida.

Fuera, la incertidumbre apremia, una estrella decidió poner fin a su vida. No pensó en el futuro próximo, tampoco en las perturubaciones causadas a las personas que se desplazaban. Sin embargo, el truncar de su camino, provocó el cruce nuevo de otros. Nuevas sendas surgidas gracias a oscuras decisiones. ¿Será una oscura casualidad o solamente el fin de una vida más?

30 oct 2014

Tan sencillo como temer.

Emiliano salió de casa una tarde de otoño en la que ya caía la noche.  Había tomado una nueva decisión en sus quehaceres diarios, dejar de utilizar el ascensor.  Así que ese día, partió rumbo a la escalera. 

Un rato antes,  algún vecino que estuvo por allí  había dejado la luz prendida y Emiliano, sin pensar en el tiempo que ésta duraría, empezó el descenso. Segundos más tarde quedó a oscuras, lo que provocó que se parase de repente.  Si algo no soportaba era bajar a oscuras. Sin embargo, la duda lo invadía,  las opciones presentes eran seguir bajando o esperar a que alguien apareciese de nuevo y encendiera la luz. Los pensamientos buscando una solución no lograban armarse y mientras él, seguía de pie esperando la respuesta. Llegó un momento que se cansó de esperar y tomó asiento. Las yemas de los dedos se enredaban en su pelo y la desesperación sobre qué decisión tomar lo invadía. 

Pero esperó y esperó tanto que la noche pasó, y cuando de nuevo tuvo luz, ya no se acordaba de a dónde iba ni quién lo esperaba. Regresó a su casa y empezó otro día más.