14 nov 2013

Estacionando

Despertar, 
desarrollar, 
crecer, 
apagarse, 
decaer, 
dormir.
....
Eso le pasa a las hojas de los árboles que se caen con la llegada del otoño. Un otoño que empieza con cara de verano y a mitad del mismo nos sorprende en su mejor indumentaria de invierno. 
Es también lo que nos pasa  en un día cualquiera, crecer cada 24 horas que pasan en nuestra vida entre etapas de alumbramiento y apagamiento.

Las hojas son como las cosechas de nuestras acciones, unas nos gustan más, pues se tiñen de colores increíbles, otras quedaron con un color algo decepcionante y luego encontramos las que resultaron como esperábamos y correspondía. Largos días, semanas y meses que con paciente espera nos dan frutos que no podemos negarnos a ver, sólo alguien con ceguera real no lo visualizaría, más sin embargo... ¡se percibe! Pues se pisa, se huele, se toca, en definitiva, se siente

Que lindo accionar nuestras ideas y quehaceres, guardar todos los resultados agradables que obtuvimos y limpiar los que no nos sirven,  actuando  nuevamente, para la siguiente cosecha que indefectiblemente volverá. 


25 oct 2013

Érase y que luego no era.

Érase una vez...
Érase una vez, miles de historias, que todas eran, y todas terminaban.
Érase una vez, un día que naciste, nació, nacieron, nacisteis, nacimos y nací.
Todos, tuvimos el momento más maravilloso para nuestros progenitores y en teoría, para nosotros mismos, venir a este ... mundo, y sin embargo, no nos acordamos. Perfecto.

Como todo cuento, aparece una persona que es mala, 
- ¿O malo? perdón malo  no existe, sino héroes, son ELLOS, ahhh si, masculino, perdón perdón! again.... Soy fémina, como tal, no es díficil disculparse,  tampoco emocionarse, expresarse, llorar y no se cuantas chingadas cosas más. ¿Me debería sentir avergonzada por ello? 
- No, FEMENINA.
- Vale, vale, voy entendiendo la película.  Yo no tengo orgullo, y si lo tengo, vale más el amor que él mismo, ¿entonces para que me lo "dieron"?
- Para batirte con otras féminas que son envidiosas o competencia.
- Pero las guerras, las inician los hombres ¿¿no??
- Si, porque son valientes, atrevidos y los que gobiernan. 
- Ahhh, es cierto, pues tienen tres patas, es que yo encima soy hueca, ¡que garrón! 
- Bueno, eso tiene arreglo, conseguite un hombre apropiado.
- Pero, ¿y si me gustan las mujeres?
- Pues entonces, o te comportas como hombre o te buscas una que se comporte como tal. 
-  Ché, ¿y para qué sirve todo esto?
- Para que funcione el sistema.
-¿Cuál sistema?
- El que existe, no hay otro.
- Si, si, eso es lo que ellos se creen...


22 oct 2013

Días.

Laila salió a pasear en una de esas oscuras mañanas  que obligan a despertar antes que salga el Sol. El ritual matutino era un más “amanecer de noche”. El otoño apenas recién empieza y sin embargo, basta pisar la calle para que las frías temperaturas la ayuden a terminar de despertar.  Como ella, cientos de personas emprenden rumbo un día más, un rumbo con  horizonte invisible donde el ambiente puede definirse como hostil y  poco más.

¿Y  pasear es la palabra correcta? Buena pregunta esta. Sin embargo, pasear es la forma en que Laila concibe su inicio de jornada. Esta es una manera de esconder lo que supone un sacrificio que no implica un madrugón oscuro y una carrera helada para desplazarse  a 12 km de donde descansa cada noche, sino que supone una serie de sentimientos, estados de ánimos, nostalgias y deseos que no se verán siquiera cuando llegue el astro mayor a iluminar la ciudad.


Un periódico ojeado y sin llegar a ser leído, la predicción de un horóscopo que nunca puede ser acertado para miles de personas a la vez, y una agenda cultural y televisiva que se borrará de la cabeza en varios minutos si no se realiza un trabajo de recordatorio para que esto no suceda,  pues  al caer la noche, ni mira la televisión ni piensa en cómo las noticias de ese día le cambian su vida, muchas veces ajena a lo que pasó en el planeta, sino que mira la ventana, viendo el mismo paisaje gris, y todavía verde de todos los días desde hace ya más de un año, donde sólo se alcanza a escuchar el motor de algún avión lejano que irá cargado de emociones en su interior.

Al siguiente día, al otro y así sucesivamente, las noticias “más importante” serán leídas así como una falsa predicción del horóscopo, siempre rodeada de diferentes personas que nunca coinciden en el mismo momento-hora. En su cabeza piensa si alguna vez coincidirá con alguno de los tantos acompañantes que la rodean y seguro nunca se fijan en ello.

Al bajar las escaleras para salir del metro, el mismo mendigo con el mismo vaso en la mano, un “bonjour” que espera una moneda a cambio y las mismas preguntas en su cabeza, “’ ¿dormirá cerca?, ¿a qué hora habrá llegado?, ¿tendrá familia?”. Meses en  el mismo lugar físico y lo más estable a su alrededor son las personas que cada día buscan quien les regale una moneda. A fin de cuentas, no es otro más de los indicios de un sentimiento que tanto se repite en la ciudad, SOLEDAD, ese que tantos y otros más poseen y que lo poseen al lado de ellos mismos, así como el mendigo de la escalerita, el del lindo perrito al que tan efusivamente saludan los vecinos y Laila misma.




29 sept 2013

Lluvia de colores.


Muchas veces tendemos a esperar a que los colores nos lleguen solos, siempre y cuando demos por hecho que una gran variedad de los mismos es alegre y necesaria. París es uno de esos lugares donde no resulta precisamente fácil encontrarlos, por eso es tan agradable que lluevan sobre nuestras cabezas al pasear junto a los árboles que pueblan los rincones verdes de la ciudad.

Alguien tuvo una de esas ideas que luego se enmarcan en lo que otros definen como arte,
 sea abstracto, moderno o como se le quiera llamar. 


Punto y aparte al respecto.

Los colores del alma son como los de las ciudades, si no se encuentran con facilidad toca crearlos. 
¿Y si los sentimientos tuvieran colores? Tal vez lo sano sería ser capaz de pasar por todos ellos para que haya un equilibrio.
Esta ciudad de pronto nos sorprende con un sol deslumbrante que con un día blanco y todavía, por suerte, verde vertical, así que bueno, disfrutemos de lo que implica que cada día destaquemos en rojo, azul, verde o amarillo, pues no olvidemos que el resto, siempre estarán ahí aguardando su momento para salir. 
Esperemos. 





12 sept 2013

El cronómetro vital.

Viajar es un placer amargo de esos que ofrece la vida, y que tanto merecen la pena.

Nos encontramos en una cuenta atrás continua donde un "tic-tac" nos indica que el tiempo expira. 
Expira el paisaje, una conversación, el olor, la risa, el abrazo, una lágrima... 
 Persiste el recuerdo y un sentimiento alegre, triste, enojado, confuso, iluso.
 Cuesta tanto romper y empezar, y sin embargo ahí estamos, moviéndonos de aquí para allá, conquistando corazones y disfrutando de ellos, para al cabo de un tiempo, decir adiós, tal vez de una semana, de un mes, de un año, de una vida... Ese adiós que nos parte el alma y nos obliga a aferrarnos al sentimiento que nos genera su recuerdo.

Todo cambio tiene un principio, el cual va cargado de mil emociones y sensaciones. Las primeras experiencias  quedan grabadas como si de fuego se trataran. No es fácil olvidar esa primera cara que te ayuda a entender una máquina de metro y te traduce carteles que no entiendes. Tampoco la primera persona que logra sacarte una risa seria, no una de esas de una situación graciosa, sino de una carcajada real que llena tu alma de alegría, te carga pilas y te lleva a decir, "ché, este lugar mola". Y es que si de algo tiende a hablar el ser humano es de todo aquello primario; la primera palabra, paso, el primer día de cole, piscina...  Y resulta gracioso, pues es como si después, el desarrollo no importara. Sin embargo, en éste, hay muchas otras primeras cosas que no se olvidan, ya sea una confesión, una ilusión, un sueño o un te quiero.
Y de repente, ese desarrollo toca un punto final, el cual antes, parecía todavía un año por vivir y que de repente, se convierte en lo que nos pasó hace años.

Es bárbaro como nos va comiendo el tiempo de lo único imprescindible para vivir, la vida, pero más bárbaro es regocijar recuerdos de experiencias que a diferencia de la vida, nunca expirarán.




Un horizonte con nubes acechando el porvenir de vivencias maravillosas, que nos recordarán cada día que los miedos no existen, sino que se crean.


P.D. Dedicado a todas aquellas personas que compartieron, comparten y compartirán mi vida, ya sea de grandes, pequeños o"insignificantes" momentos.



17 ago 2013

Esperando.

Es 10 de agosto y la lluvia apremia en la Gare Rutière de Zinguinchor.

Los autos viejos esperan a estar completos para emprender ruta y nosotras esperamos pacientemente entre vendedores ambulantes que aprovechan el clima  para vender paraguas y chubasqueros, entre otra multitud de cosas.
Por momentos el agua parece estar botada desde un cubo en el cielo por la intensidad con la que esta cae.
En todo ese lapso de tiempo la gente sigue yendo y viniendo como si el agua no mojara y los perros vagabundos apenas encuentran como techo los autos viejos estacionados. 
De vez en cuando no falta un niño paseando descalzo de apenas seis años con la mano abierta que sigue esperando a que le caiga una moneda.
La lluvia se vuelve agresiva y no más seguramente, que la historia que pesa sobre este país, y es en ese momento cuando las gotas de agua que resbalan sobre mi cuerpo me hacen dudar de si ese tacto sobre mí seguirá siendo una de la veintena de moscas que me sobrevuela o bien, gotas de lluvia.

El semblante de aquellos que me rodean no es diferente al que había hace minutos, cuando la lluvia todavía no nos agredía. ¿Será que no es para tanto? 
Será...






2 ago 2013

Île de Ngor

No existen palabras para describir lo que se siente al vivir en África, conocer su gente e intercambiar impresiones acerca de la vida y la forma de vivirla. Dejando valer la redudancia, esta es una palabra que suena mucho, la VIE.
¿Y qué es la  vie si no? Es lo que nos cuestionamos cuando nos dejamos abrir la mente y el corazón a aquellas diferentes visiones que empezamos a sentir.


Dos valores se repiten mucho entre aquellas personas con las que comparto mi tiempo por estos lares.
Uno de ellos es  "partager", es importante saber y hacerlo, pues partager no es algo que cualquier persona sepa hacer, y es en ese momento cuando recuerdo una frase sabia que leí hace tiempo;
 "Compartir es dar lo que tenemos, no lo que nos sobra".
 Y es que compartir es un término muy famoso que llevarlo a la práctica puede no resultar fácil.
El otro es "respecter",  y resulta curioso como en uno de los continentes más saqueados y sometidos del planeta, este es un valor de suma importancia  que conviene no olvidar y que más allá de miedos y prejuicios con los que los tubab aterrizamos, se siente por allá por dónde nos movemos y caminamos.

 En Ngor, empiezo a vivir el partager y el respecter de una manera como nunca antes  había hecho.

La plage de l' île de Ngor