27 may 2016

Pulgoso.

En la calle siempre deambulan canes buscando alimento, refugio y algo de amor. Lo interesante de estos es que no sólo buscan el afecto en seres de su misma especie, sino también en esa especie de inteligencia superior llamada homo sapiens sapiens. 

Pulgoso tiene  10 años, en esta vida canina que lleva recorrida, recuerda más su segundo nombre que el primero que tuvo, Ronny.
Cada día su tarea es buscar qué comer, huir de los otros canes que por momentos le agreden y pensar en si en algún momento alguien de la especie superior  volvería a quererlo. Pulgoso no busca que le regalen comida, sólo el amor que hace años perdió cuando lo botaron del que era su hogar por haber crecido demasiado. En su memoria alberga los pequeños momentos de afecto que le fueron concedidos en está búsqueda que todavía hoy, no termina. 
Añora aquel paseo en la playa, en el que una chica lo miró con ojitos tiernos mientras paseaba con su amor de la mano. Se emocionó, pues aunque en los ojos se le sentía el profundo querer hacía quien la acompañaba, no dudó en entregarle un momento fugaz de amor visual. Pulgoso los siguió, desprendían tanto amor entre ellos,  que no pudo evitarlo.  Corría cuando se alejaban y saltaba de la emoción cuando se acercaba a ellos. Apenas duró 30 min ese momento compartido, pero se le grabó en el corazón.
También recuerda aquel día que parado en la estación de bus, los homo sapiens sapiens descencían del vehículo a toda prisa por la lluvía que empezaba a caer. Ese día otra pareja bajó, ella lo miró con la misma ternura que la chica de la playa cuando todavía el frío no asomaba en ese otoño del sur. Rebosaba el mismo amor por su acompañante que la chica a la que siguió en la orilla del mar. Mientras ella se abrigaba y él acomodaba sus maletas, también sintió brotes de amor entre ellos y alguno le cayó también a él, así que emprendió su marcha tras ellos. Siempre usaba esta estrategia de seguir a quien lo quería en silencio, solamente con intensas miradas. Esas miradas que atraviesan el alma de quien las recibe cuando se proyectan directamente a los ojos. Esta vez el momento de afecto duró menos tiempo que el del paseo por la playa, pero igual, se le grabó en el corazón.

Pulgoso ya no responde al nombre de Ronny. Quienes alguna vez, desde hace años le botan algún que otro alimento o le golpeaban por estorbar, le llaman por su nuevo y no deseado nombre, pues desde hace años, en esa búsqueda constante de comida, refugio y amor, las pulgas, son los únicos seres que más tiempo deciden permanecer con él. 

En el horizonte nunca se borran los sueños.

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