2 abr 2014

Piedras.

Llevo un rato contemplando el cambio de iluminación del sol que brilla en el cielo. Las hojas verdes de los árboles por fin brotaron con el inicio de la primavera. Largos meses caminando por esta tierra mojada y despoblada, desembocaron en días claros, floreados y ruidosos al fin. Es un alivio comprobar que todavía existe la vida humana fuera del cemento gris de París.

Pienso en los momentos que compartí contigo, en los deseos de volver a verte cuando no estaba junto a ti y las ansias soportadas las previas a nuestros encuentros. Parece que fue ayer cuando acostada en la sombra de los árboles antes de que el invierno los convirtiera en esqueletos, trataba de adivinar los pensamientos que corrían por tu cabeza, cuando nada importaba a nuestro alrededor y los momentos se reducían a instantes. Ese grato tiempo que llegaba a su fin de manera tan veloz que se convertía en espejismo para da paso, nuevamente, a la espera de volver a encontrarte.

Una señal tuya siempre bastó para aplacarme, cuando creí que llegaría, no lo hacía y cuando no la esperaba, me sorprendía. En cuanto a las mías, sé que a veces te parecieron pocas y distantes. El pasado me cargó de miedos, piedras que se cruzaron en mi camino y que luego quise evitar. Sin embargo, por más que lo intente, este bosque siempre estará cargado de piedras en sus senderos. Hay tramos tan repletos que resulta casi imposible esquivarlas, en otros, brillan por su ausencia. Así querría yo que fuera mi proyección futura cuando estoy pensando en ella, sin piedras... Pero por tanto tenerlas en cuenta para no encontrarlas en mi camino, he terminado  añadiendo yo misma, piedras al mismo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario